Lección de Anatomía: cómo es estudiar con cadáveres en Medicina – Clarín.com

Hasta el Renacimiento los cadáveres no se diseccionaban. Por motivos religiosos nadie podía abrir a un muerto para separar tejidos y estudiar, ni más ni menos, de qué estamos hechos. El cuerpo de una persona era, entre los siglos XV y XVI, intocable. Pero con ciertos animales no había problema. Hasta el 1500, la ciencia cortó cerdos para saber de humanos.

Pero ahora es un viernes de junio en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Sobre las mesas de acero inoxidable hay cuerpos casi completos o partes de un cuerpo: un tórax, un cráneo con cuello, hombros y pulmones, uno al que le faltan los antebrazos y las piernas desde las rodillas. Alrededor de cada mesa hay estudiantes que asisten a la primera materia de grado de la carrera de Medicina: Anatomía.

El tema del día es cuello visceral. Hablan de glotis, cuerdas vocales, laringe, faringe. Los ayudantes de esta cátedra, la I, llevan guardapolvos azules. Los alumnos y alumnas, guardapolvos blancos. Escuchan, toman notas, levantan la mano y preguntan. Miramos el cadáver tendido sobre la mesa. Es verde, es gris, no huele. Si no fuese por la rigidez, si no fuese porque es alguien que ha vivido, sería un muñeco de trapo. Un aluvión de luz entra por las ventanas de la sala. La mañana es muy blanca.

Alumnos de Medicina estudian Antatomía con material cadavérico. /Constanza Niscovolos.

Alumnos de Medicina estudian Antatomía con material cadavérico. /Constanza Niscovolos.

La vida útil de un cadáver

Un ayudante de cátedra es asignado a cada grupo de alumnos. El docente les mostrará sobre un cuerpo lo que ya vieron en la clase teórica. Pero para eso, falta.

Antes de que ingrese la primera comisión, muy temprano en la mañana, el disector toma de las piletas de aluminio el material con el que trabajarán los estudiantes. Los cadáveres están conservados en fenoxetol. El formol dejó de usarse hace años.

El método de estudio anatómico es tan artesanal como hace siglos: observar un cuerpo, desarmarlo, investigar nuestra carne. El acto de mutilar pierde algo de sentido frente al cadáver, que ya no es persona sino “pieza”, “resto cadavérico”, “material”. Esos cuerpos que van tendiendo boca arriba están arrugados por las aguas de conservación en la que los sumergen. Perdieron la memoria, no tienen pasado.

Anatomía es la base estructural de medicina. Si no conocés lo normal, no entendés lo patológico.

El salón es amplio, tan desinfectado. En las paredes hay radiografías: un cráneo multiplicado, columnas vertebrales, rótulas encajadas y desencajadas. Las hileras de vitrinas forman pasillos. Entre los vidrios, nadando en su líquido, hay restos humanos. Cerebros en rebanadas. Un pie izquierdo que ha sido desollado hasta dejar al descubierto nervios, venas y arterias. Un corazón con una aurícula pintada de color azul y la otra, de rojo. Media cadera sostenida con un parante de plástico que ha sido insertada desde el fémur. Cada vitrina lleva un código pero no una fecha. Podrían seguir ahí muchos años.

Los cuerpos que llegan a la morgue de la Facultad (que funciona en este mismo edificio) son de personas que no tienen parientes y murieron en hospitales públicos porteños. O de donantes que en vida expresaron su voluntad de entregar su estructura ósea y anatómica para la investigación. Los cuerpos “de estudio” tienen una vida útil de entre dos y tres años. Su nombre es un número. Son objetos. Y como son objetos, se gastan y en un momento, ya no sirven.

Alumnos en la sala del tercer piso de Medicina en la UBA. /Constanza Niscovolos.

Alumnos en la sala del tercer piso de Medicina en la UBA. /Constanza Niscovolos.

De la Universidad de Buenos Aires egresa la mitad del personal de salud que atiende en el país. Anatomía, la primera materia que deben cursar los estudiantes de Medicina, es la más antigua del plan de estudios. Empezó a dictarse en 1801, en épocas del Virreinato y cuando existía el protomedicato del Río de la Plata, la institución encargada de la formación de médicos.

Eran épocas de guerra y el combate exigía médicos veloces que, además de conocer el cuerpo humano, supieran coser heridas con la velocidad de un cirujano. De hecho, en aquel tiempo, la materia “Suturas y Vendajes” era anual. A tener en cuenta: no existían ni la anestesia ni los antibióticos.

Anatomía siempre fue la materia introductoria a la carrera. ¿Por qué? Javier Andes, docente de la Cátedra I, responde: “Es la base estructural de Medicina. A partir de Anatomía podemos entender la fisiología y la patología de los órganos y sistemas humanos. Hay una frase que repetimos mucho: ‘Si no conocés lo normal, no entendés lo patológico’”.

En el Centro de Biosimulación Médica aprenden a intubar con cuerpos siliconados. / Constanza Niscovolos.

En el Centro de Biosimulación Médica aprenden a intubar con cuerpos siliconados. / Constanza Niscovolos.

El Centro de Biosimulación Médica también está en el tercer piso. El nombre indica tecnología de última generación, robots, hologramas. Bueno, no.

Aquí dramatizan situaciones de consulta médica o de emergencias. Y no se enseña con cadáveres sino con cuerpos de caucho de siliconas. Estos “pacientes” de goma son más realistas que los cadáveres de la sala de al lado.

“En este espacio simulamos situaciones que pueden darse todos los días, como intubar a alguien de urgencia. Hay que hacer una serie de maniobras rápidas y certeras. Esa técnica es imposible de practicar en un cadáver y de hacerlo con un paciente, hay un riesgo alto de lastimarlo”, explica Joaquín Ricagno, 29 años, estudiante avanzado de Medicina y ayudante en la Cátedra.

Cátedra de Anatomía, la puerta de ingreso a Medicina. / Fotos Constanza Niscovolos.

Cátedra de Anatomía, la puerta de ingreso a Medicina. / Fotos Constanza Niscovolos.

Desde hace cuatro años, Medicina “fabrica” sus propios cuerpos de estudio. En una camilla hay un torso de mujer: basta palpar los senos para dar con un tumor. El “bulto” va cambiando de lugar a gusto del docente, que sólo necesita dar vuelta la pieza, abrirla y mover la pelotita. También es posible practicar la técnica de extracción de sangre: primero, el alumno detecta la vena en el brazo de goma, luego aplica la aguja y tira de la cánula. Pegado a la pared hay un dispositivo con un líquido rosa. Si la extracción está bien hecha, el alumno verá “la sangre correr”.

También aprenden a auscultar. Una vez que el estetoscopio fue apoyado en una espalda de caucho, hay que oír los sonidos que antes programaron en una computadora. El alumno deberá detectar problemas en los pulmones. Lo mismo sucede con el corazón: la computadora “compone” ritmos para que el estudiante descubra patologías. Sobre la computadora: monitor, teclado y cpu; sencilla, diríamos, “pasada de moda”.

Leonardo da Vinci no necesitó una para dibujar a su Hombre de Vitruvio en 1490. Con esa figura masculina intentó demostrar las proporciones del cuerpo humano. Es uno de los símbolos renacentistas junto con La lección de Anatomía, de Rembrandt, fechada en 1632. La pintura fue hecha a pedido del gremio de las cirujanos. En aquel momento, Siglo XVII, se hacían disecciones públicas de criminales ejecutados y para verla había que pagar una entrada. La muerte siempre tuvo su cuota de espectacularidad. Y sin embargo ahora, en esta sala y alrededor de cada mesa, no hay sorpresa, ni incomodidad, ni risas nerviosas. El cuerpo como pieza experimental para que la vida continúe.

Desde hace 4 años, la UBA "fabrica" cuerpos de goma para estudiar. /Constanza Niscovolos.

Desde hace 4 años, la UBA “fabrica” cuerpos de goma para estudiar. /Constanza Niscovolos.

El artista que diseccionó a su padre

¿Dónde aprendió anatomía?”, le preguntaron a Stanislaw Szukalski, pintor y escultor polaco, fallecido en 1987, a los 93 años. Szukalski era un prodigio en su juventud. Lograba piezas con un nivel de detalle sofisticado, al punto de exagerar la precisión. Nunca fue un artista popular. El reconocimiento a su carrera llegó cuando ya había muerto.

El documental Struggle: la vida y el arte de Szukalski reconstruye su historia. En un tramo, Szukalski dice: “Yo amaba mucho a mi padre, más que a nadie en el mundo. Una mañana fui al parque, pero él no estaba allí. Al final de la calle había una multitud. Era mi padre. Lo había matado un auto. Levanté el cuerpo y lo cargué hasta la morgue. Cuando llegué, dije ‘este es mi padre’. Y les pregunté algo que ellos me permitieron. Me entregaron a mi padre y yo diseccioné su cuerpo. Mi padre me enseñó anatomía”. Eran los inicios del siglo XX.

Ahora, en el salón donde se dictan los prácticos de Anatomía, los estudiantes rodean las mesas de Morgagni, las de acero inoxidable que tienen un orificio para evacuar líquidos. Son las mesas donde se hacen las autopsias. Se llaman así por quien la diseñó, Giovanni Morgagni, un hombre que se interesó por la Anatomía a principios del 1700.

"Struggle: La vida y el arte de Szukalski" o cómo un hombre aprende Anatomía con el cadáver de su padre/Archivo.

“Struggle: La vida y el arte de Szukalski” o cómo un hombre aprende Anatomía con el cadáver de su padre/Archivo.

Hay que cumplir con ciertos requisitos para presenciar la clase. Guardapolvos cerrados y sin arremangar. Prohibidas las bermudas y faldas, ojotas y sandalias. Hay un motivo: de entrar en contacto, el material cadavérico con el que estudian es capaz de transmitir el virus de la Hepatitis C.

Todos llevan en los bolsillos la pinza de disección simple, algo así como una extensión de los dedos. No pueden tocar el cadáver si no es con esa pequeña herramienta. Un pellizco de la pinza alcanza para separar tejidos, tendones, señalar un hueso o un músculo.

El ayudante de cátedra explica cómo funcionan las cuerdas vocales. Hay un cadáver sobre la mesa, pero él lo enseña con corbatas. Vibran las cuerdas, vibran las corbatas. Suelen usar materiales así de comunes para pasar de la teoría a la práctica. “Son buenas herramientas y buenas estrategias pedagógicas –dice Andes– para ‘actuar’ la estructura de, en este caso, la laringe. Pensá que recién en cuatro años estos alumnos podrán presenciar una cirugía.” Además de las corbatas, los estudiantes llevan al práctico un Atlas, libro de apoyo con ilustraciones de referencia.

Radiografías y vitrinas con restos humanos en la UBA. /Constanza Niscovolos.

Radiografías y vitrinas con restos humanos en la UBA. /Constanza Niscovolos.

“Estudiar un cadáver es como leer un manual”

En 2019, Medicina rompió el récord: 18.673 personas se anotaron en el Ciclo Básico Común (CBC); representa la carrera elegida por el 30% de los universitarios. Tiene la mayor cantidad de alumnos en comparación con el resto de las facultades. De los ingresantes, poco más de la mitad egresó de un colegio privado. ¿Cuántos terminan el CBC? La UBA los divide en tercios: uno lo termina en un año, otro necesita un cuatrimestre más y el resto abandona.

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Anatomía tiene tres cátedras en la UBA. La I, a la que Viva asistió, cuenta con tres turnos distribuidos en tres días a la semana. En total, cursan 1.980 estudiantes. Un cálculo rápido indica que las tres cátedras reúnen alrededor de 6 mil alumnos. ¿Cuántos terminan de cursar? El 70% de esa cantidad.

“¿Que si me da impresión? Primero no veo que ahí haya una persona –dice una alumna, cuyo nombre reservamos–. El material cadavérico con el que estudiamos es como leer un manual, algo que necesitamos saber para después poder atender pacientes.” Aprender a curar con cadáveres encierra una contradicción. Pero no ha habido, en la historia de la Historia, una forma mejor.

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